Augusto & Moisés
Augusto
Foto de Vanessa Alcaíno Pizani.

Augusto & Moisés por Oscar Lobo

           A quien escuche los nombres Augusto Bracho y Moisés de Martín quizás no se le active ninguna alarma interior. No hay en ellos nada especialmente llamativo o extravagante. Claramente no fueron armados con la expectativa de un juego de palabras ni poseen una sonoridad atrayente o inquietante. ¿Cuántos Augustos y Moisés habrán en el mundo?

Hay que aclarar que en el caso de «Augusto y Moisés» el gentilicio no es una chapa, sino una posibilidad. Lejos están de emular los intentos por aggiornar el acervo musical nacional y regional a través de los artilugios de un sampler o un de un riff metalero. No son hijos de la Ley Resorte, pero tampoco son puristas; al contrario, el elemento autóctono de sus composiciones no siempre es evidente, y, claramente, no es un fin en sí mismo. Algunas veces está más en lo temático que en lo sonoro, como en «La finca de los bólidos», una balada acerca del fallecido boxeador Edwin «Inca» Valero, que musicalmente está más cerca de The Platters que del joropo tuyero. En otras canciones, como en «Desde la vitrina», con su melancólico repiqueteo de tambor, podemos escuchar los ecos del sonido tradicional latinoamericano. La diversidad del proyecto es comprobable en la exquisita y pegajosa «Montpellier», cuya cadencia y sentido del humor recuerda, por momentos, a alguna de las composiciones del artista venezolano Andrés Barrios.

Más allá de la multiplicidad de influencias en su música, quizás el elemento que cohesiona todo es la innegable química, la complicidad entre ambos. No es tarea fácil, porque estamos hablando de un repertorio heterogéneo, que bebe de infinidad de fuentes, pero que al final logra plasmarse sutilmente en un lienzo folk, si empleamos el término en un sentido amplio.

Integrantes:

Augusto Bracho (voz, cuatro venezolano, guitarras y percusión).
Moisés de Martín (voz, guitarras y percusión).
Simón «Mandrake» Hernández (percusión y coros).